Los papás no existen, son los Reyes Magos.

Por • 05/01/2018 • Estos son para leer, LiteraturaComentarios406

Esa noche, Fabián debió preguntarle a su padre unas mil veces cuánto tiempo faltaba para que por fin se fueran a casa, pues lo único que deseaba era irse a la cama con la ilusión de que los Santos Reyes le trajeran los juguetes que pidió y su padre debió responderle mil veces que aún tenían mucho trabajo por delante, y él angustiado pensaba que los reyes no entregaría sus regalos si no había nadie en casa para recibirlos, mientras su padre sufría por no tener el dinero suficiente para poder comprarle algo lindo esa noche. “No te preocupes, LosReyes saben que estás trabajando fuerte y créeme que te dejarán tus regalos, aunque no estés” y fue así como el niño paranoico logro calmar su nervio, confiando en la promesa de su padre. Y a pesar de que los Reyes jamás le habían traído lo que él pedía, no podía dejar de creer en las palabras de su padre, y cuando ya por fin pudo llegar a su cama y tras mil horas de dar vueltas pensando y pensando en cuál de todos sus regalos abriría primero, Fabián por fin se durmió. No sabía entonces lo que le esperaba al despertar. A la mañana siguiente, como era de suponerse, Fabián madrugó al mismo tiempo que la mayoría de sus primos. Misteriosamente, todos tenían juguetes y no paraban de jugar en la calle. Todos menos él. No entendía nada, ¿será que LosReyes habían leído los malos pensamientos que tenía hacía su maestra culera y lo haya dejado con las manos vacías para que aprendiera su lección? Lo dudaba, pero era la única explicación que se pudo dar. Malditos Reyes, no era para tanto, pensó. La sensación que sintió al ver a todos sus primos jugando con carros eléctricos y bicicletas costosas es algo que sólo sienten los perros callejeros al ser electrocutados para que dejen de sobrepoblar las ciudades y lo peor era que no podía hacer nada más que fingir una sonrisa a pesar de querer prenderle fuego a sus primos que se burlaban de él. Pero se contuvo; ni una lágrima, ni una mala palabra. Nada. Sólo pudo iniciar una carrera por toda la casa en busca de su padre, ese cínico y mentiroso que había roto sus sueños. Corrió y corrió, tan pronto como tuvo a su mentiroso padre enfrente y con la pura mirada le exigió una explicación, su padre totalmente devastado por engañarlo y con unos cuantos pesos en la bolsa, decidió jugársela y volverle a mentir: LosReyes me hablaron por la madrugada para avisar que los juguetes estaban a salvo, pero que no pudieron llegar a tiempo. Él, como siempre, obedeciendo a un impulso interno mucho más fuerte que cualquier razonamiento, le volvió a creer. Pero con la diferencia de que ahora sí obligó a su padre a buscar una solución para conseguir sus Reyes: se lo ha ganado, trabaja y me ayuda mucho, pero sin dinero ¿qué hago? ¿Robar? ¿Saquear? ¿Pedir prestado? Maldita pobreza. Pensó. Salió a caminar a buscar una solución. Y buscó y buscó y volvió a buscar, y lo único que se le ocurrió fue escribirle una carta. Así lo hizo. Así intentó salvar un poco su alma por no poder darle a su hijo un juguete. A la mañana siguiente Fabián despertó y lo único que encontró en su zapato fue un papel mal enrollado, pero no le importó, él sabía que quizá ahí encontraría una pista que lo llevara a sus juguetes, la desenrolló a toda prisa mientras su padre lo miraba oculto detrás de la puerta:

“No olvidamos tus juguetes, Fabián. Se enfermo el elefante y el llevaba tus juguetes y tuvimos que llevarlo al veterinario, pero te prometemos que el siguiente año recibirás el doble de juguetes. Por desgracia, sólo algunos niños recibieron regalos y otros se quedaron esperando. Te pedimos mil disculpas y espero nos puedas comprender, mientras cómprate unos dulces con el dinero que dejamos en tu zapato.

—Melchor. Gaspar y Baltasar.

Fabián analizó la carta unos momentos y se tardó muy poco en descubrir que los Reyes tenían la misma letra que su padre. Malditasea, lo habían vuelto a engañar. Pero con una gran diferencia, esta vez se sintió lleno de alegría y corrió para abrazar a su escondido padre. “LosReyes no se olvidaron de mí, papá”, dijo fingiendo no saber que los Reyes y su papá eran la misma persona. Ambos lloraron.
Descubrir que LosReyes tenían la misma letra que el mentiroso de su padre fue el mejor regalo que Fabián pudo haber recibido. Eso significaba que su padre lo quería lo suficiente como para quedar como un completo estúpido escribiendo una carta tan absurda. Desde entonces, Fabián espera con ansias esta noche para tener por lo menos pequeñas muestras de afecto a través de cartas mal escritas.

 

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